¿Y si la construcción sostenible no consistiera en añadir tecnología a los edificios, sino en volver a mirar el territorio, el clima y los recursos que tenemos a nuestro alrededor?
Esta pregunta está en el centro del trabajo desarrollado durante los últimos años por el Instituto Balear de la Vivienda (IBAVI) y que acaba de recibir un importante reconocimiento internacional: el Premio OBEL 2026.
El galardón reconoce el denominado Modelo de Vivienda Social Balear, desarrollado entre 2019 y 2023 bajo el impulso de Cris Ballester y Carles Oliver, por su capacidad para transformar desde la administración pública la manera de promover, diseñar y construir vivienda.
Pero más allá del premio, lo interesante para quienes trabajamos alrededor de la bioconstrucción y la construcción sostenible es precisamente el modelo que hay detrás.
Porque en Baleares se está demostrando que hablar de sostenibilidad puede significar algo tan sencillo —y a la vez tan complejo— como construir teniendo en cuenta el lugar.
Construir desde el territorio
Uno de los principios fundamentales del modelo del IBAVI es aprovechar los recursos disponibles en el territorio y recuperar conocimientos vinculados a ellos.
En lugar de entender los materiales locales como una cuestión estética o vinculada únicamente a la tradición, el modelo los incorpora como parte de una estrategia ambiental.
Un buen ejemplo es el marès, una arenisca característica de las Islas Baleares que forma parte de la arquitectura tradicional del territorio.
Su utilización permite reducir la dependencia de materiales transportados desde largas distancias y recuperar una materia prima estrechamente vinculada al paisaje y a la cultura constructiva de las islas. En algunos proyectos del IBAVI se combina además con madera reutilizada, tejas recuperadas y otros materiales de proximidad.
Y aquí aparece una de las ideas fundamentales de la construcción sostenible:
La sostenibilidad de un material no depende únicamente de cómo se fabrica, sino también de dónde procede, cuánto hay que transportarlo, cuánto dura y qué ocurre con él al final de su vida útil.
El caso de la Posidonia: convertir un residuo en aislamiento
Uno de los ejemplos más conocidos de esta filosofía es el proyecto Life Reusing Posidonia, desarrollado por el IBAVI.
La investigación exploró el uso de Posidonia oceanica seca como material de aislamiento, aprovechando un recurso disponible en el territorio y combinándolo con sistemas constructivos de bajo impacto. En algunos proyectos se utilizaron capas de Posidonia de hasta 25 centímetros como aislamiento.
La idea es especialmente interesante desde el punto de vista de la economía circular:
un recurso local → se convierte en material constructivo → mejora el comportamiento térmico del edificio → y reduce la necesidad de utilizar materiales de mayor impacto.
Es precisamente este tipo de planteamiento el que está haciendo que la construcción sostenible evolucione desde el concepto de “edificio eficiente” hacia una visión mucho más amplia del ciclo de vida de los materiales y del edificio.
De Baleares al resto del sector
El caso del IBAVI es especialmente interesante porque demuestra que la construcción sostenible puede abordarse desde diferentes escalas.
Desde el material.
Desde el diseño arquitectónico.
Desde la eficiencia energética.
Desde los sistemas constructivos.
Pero también desde la forma en que las administraciones, empresas y profesionales trabajan juntos.
Y es precisamente en esa intersección entre materiales, arquitectura, innovación, conocimiento y territorio donde creemos que está una parte importante del futuro de la construcción.
El Premio OBEL 2026 pone el foco internacional sobre un modelo nacido en Baleares.
Ahora la pregunta es:
¿Qué podemos aprender de él y cómo podemos trasladar estas ideas a otros territorios?
“El modelo balear demuestra que la construcción sostenible puede empezar por algo tan básico como construir con el territorio y el clima, en lugar de luchar contra ellos.”

